Dedicado al "Tiki".
"Y tu estela, en mi cielo
siempre me hará soñar,
hace tiempo junto al mar,
eso es mío hasta el final"
Buitres / "Ya no saben que decir"
Media hora después de terminar el maratón, comentaba con uno de los corredores acerca de la real función y papel que debe de cumplir un “Pacer” o liebre o como se le quiera llamar. Llegamos a la conclusión de que un corredor cuando acepta dicho papel deja en ese momento de correr su propio maratón. Ya no se es dueño de los ritmos ni de los tiempos, todo se limita a aferrarse a un movimiento uniforme y preestablecido, y rezar para que nada se rompa durante los cuarenta y dos kilómetros.
El pacer termina corriendo por y para los demás. Para aquellos que en él depositan su confianza. A veces me da la impresión de que es una confianza excesiva, porque el pacer también es de carne y hueso y puede fallar –me ha sucedido y es una pesadilla-. Pero lo más importante de esto es el aprendizaje mutuo, esa retroalimentación existente entre el pacer y aquellos corredores que lo acompañan.
Por eso esta crónica del Maratón de Punta del Este va a referirse exclusivamente a ellos, los que confiaron y se quedaron ya sea en todo el recorrido, o hasta donde el físico les respaldó, vamos a referirnos a cada uno de los que viajaron en ese pelotón de las 4h 20’ y con distintos matices llegaron a un final feliz. El maratón es de ellos...
Néstor DEVOTO (500 – Buenos Aires) y Mabel SCATTURICE (422): Esta jovial pareja arrancó en el grupo desde antes de la largada, estaban muy bien entrenados los dos, y con muy buen estado de ánimo. Mabel viajó en el grupo hasta que allá por el K 28 más o menos la exigencia la obligó a bajar un poco el ritmo, lo cual fue una decisión muy sabia ya que finalmente llegó en 4h 28’ 20’’, un tiempo que demuestra que no hubo una fuerte merma en su rendimiento. Néstor: aguantó hasta el final, en el último tercio de carrera el esfuerzo era enorme, se le notaba que venía resistiendo a pie firme y con los dientes apretados. Un gran tipo al que espero –al igual que a la señora- encontrarlos pronto en algún otro evento. Llegó en 4h 20’ 31’’, una hazaña porque aguantó el ritmo todo el tiempo y nunca perdió pie. ¡Sobresaliente!
Jorge DUTOUR (252 – Montevideo) Se integró al grupo ya pasados unos cuantos kilómetros –no recuerdo bien dónde-, permaneció con nosotros hasta el K 34 por lo menos y luego se sintió con resto y confianza y se fue hacia delante sin levantar polvareda. Sobresaliente también, un buen corredor que liquidó la historia en 4h 17’ 45’’.
Rossana PALOMBO (165 – Montevideo) Al ser del grupo la única que conocía de antes, esta muchacha del Olimpia de Colón me fue muy útil a la hora de tener que hacer un alto en el trayecto, ya que le confiaba a ella el ritmo que debía mantener el grupo, tarea que cumplió sin inconvenientes. Hizo el maratón como está escrito en los libros, de principio a fin, en el último tramo le costaba mantener el ritmo pero se defendió para llegar en 4h 21’ 49’’, por lo que el objetivo que se había propuesto en la previa fue cumplido con creces. Aprendió en dos maratones lo que a mi me llevó ocho o diez.
Leandro BORGES de FIGUEIREDO (331 – Brasília) Este amigo que vino de tan lejos se lleva el recuerdo de haber disfrutado como pocos. Me ayudaba con los tiempos, yo estaba concentrado en mantener el ritmo cíclico de 6’ 10’’ por kilómetro, por lo que para saber el tiempo de carrera y la distancia recorrida le preguntaba a él. Al final Leandro estaba un poco cansado pero al igual que Rossana y Néstor no perdió nunca el control del maratón, y la alegría y la sonrisa nunca lo abandonaron. Tiempo: 4h 22’ 29’’ Parabéns!
Cláudio ARAUJO dos SANTOS (448 – Porto Alegre) Si no me equivoco, el hombre que corrió con una camiseta de fútbol color verde, roja y blanca con el “10” en la espalda. En el grupo desde el principio, luego se fue un poco por delante, le dimos alcance en la segunda parte de la rambla de la Playa Mansa, pero pudo mantener un ritmo que le permitió llegar en 4h 24’ 02’’, nótese que en todos estos casos estamos hablando de gente que pudo mantener su paso de manera más que aceptable y que si bien los kilómetros les dolieron no fueron afectados por el fenómeno que conocemos como “el Muro”. Muy bien por el amigo “Gaúcho”.
Lucila DELL’ ACQUA (410 – Montevideo) En la edición del año pasado junto con su amiga Luciana Irazoqui, fueron la únicas que permanecieron a mi lado de principio a fin cuando me tocó ser pacer de 4h 15’. Este año Lucila comenzó a mi lado, acompañada por otra amiga, luego Luciana se integró allá por el K 13, se la llevó hacia delante, luego el pelotón volvió a darle caza más o menos por la zona del Conrad (K 29) y a partir de allí perdieron algo de ritmo, no mucho. Tiempo: 4h 28’ 28’’. Luciana me comentaba que su amiga se “pinchó” al final, yo no lo veo tan así, hubo una caída de rendimiento al final pero cuando uno se pincha en un maratón pierde mucho más que ocho minutos y medio. Muy bien.
Leonardo MONTAG (203 – Temperley) Otro que estuvo desde el principio hasta bien entrado el último cuarto de carrera, también con muy buen estado de ánimo, con un ritmo muy prolijo hasta que al final bajó el ritmo. El mismo caso de Lucila, a veces hay que levantar el pie del acelerador cuando uno lo que intenta por sobre todas las cosas es llegar, ellos fueron muy inteligentes en ese sentido. 4h 28’ 43’’.
María Alejandra FREZZA (197 – Buenos Aires) Esta simpática mujer oriunda de Tucumán y vestida con la azul y oro –¡bien ahí!- comenzó dentro del pelotón pero en Barra de Maldonado (K 14) me quedé un rato con ella porque noté que venía demasiado exigida y faltaban aún muchísimos kilómetros por recorrer. Le sugerí que bajara el ritmo porque le faltaba aire –eso no puede suceder en un maratón y menos a esa altura- y esperara al pacer de 4h 30’ –Washington Sauda-. Evidentemente equivocó la elección de pacer y lo pagó caro. Igualmente se revolvió para llegar en 4h 46’ 45’’ justo detrás del “Chirola”. Felicitaciones por el esfuerzo, sin importar los tiempos, terminar un maratón es siempre una victoria.
Celia PÉREZ (302 – Montevideo) También del Club Olimpia, comenzó con Rossana a buen ritmo y muy alegre pero en algún momento que no puedo determinar literalmente se “volatilizó”. Por lo que vi en algunas fotos y videos –en ellos me apoyo para hacer esta crónica- a ella le afectó muy fuerte el “muro” y al parecer pasó todo tipo de vicisitudes. Tiempo: 5h 08’ 24’’.
Adrián BONILLA (343 – Montevideo) Otro más del Olimpia, ¡qué equipo y qué asistencia tenía esta gente!. No estuvo en el pelotón pero fue fundamental para mi al final, lo pasé promediando el K 40 , cuando paso el K41 noto que tenía como 40 segundos a favor, por lo que me quedé a esperarlo y acompañarlo en ese tramo final que es tan importante. Brillante: 4h 20’ 13’’.
Éstos son los maratonistas que vienen a mi memoria, hubo otros que nos acompañaron en algunos tramos del trayecto, otros que superamos ya entrada la segunda mitad. Si me olvidé de alguno, le pido mil disculpas y que me lo haga saber. A todos ellos, gracias, sin su aporte y su compañía y aliento sería tedioso y casi imposible mantener un ritmo durante los 260 minutos que duró el maratón. Ellos fueron los verdaderos héroes de esta historia, los que la transpiraron y sufrieron. Espero que hayan aprendido tanto como yo de ellos. Los espero el 4 de setiembre de 2010 en la cena previa en el campus de Maldonado.
Hasta luego, me voy a Concordia, a seguir con el vicio.
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Grande Hermano!!!